domingo, 24 de abril de 2011

La excelente noche frustrada de los genin del equipo 8 de Konoha: Aburame Shino e Inuzuka Kiba





Recién terminé el fanfic que estaba escribiendo -luego de meses de estancamiento-, y se me ocurrió que este es un buen espacio para publicar también fanfictions que incluyan a Kiba y a Shino. No sólo historias escritas por mi (bueno, para las dos que he terminado =w= ), si no los fanfics sobre ellos que más me han gustado.

Realmente no se como funcionara mejor, si poner los fanfic completos aquí, o dar una breve reseña y un link hacia la página (aún que como esta yendo Amor Yaoi, esa no parece la idea más sensata por ahora)

Así empiezo esta sección, con la primera historia que escribí de ellos.

Un ShinoxKiba. Lemon, comedia, romántico.

Disclaimer: Shino Aburame, Kiba Inuzuka y el resto de los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.

Este fanfic fue publicado por Calabaza en Amor Yaoi.




La excelente noche frustrada de los genin del equipo 8 de Konoha: Aburame Shino e Inuzuka Kiba




Se sentían tan cómodas en el aire tibio de la tarde que no se dieron cuenta de cuando cayó la noche, rápida y tajante sin dar previo aviso.

Las aves desorientadas dejaron el barullo de pasearse por las calles de la ciudad y alzaron presurosas el vuelo para refugiarse en los árboles del bosque.


Algunas otras, más urbanizadas pasaban la noche echas bolita en el alfeizar de algún edificio, o en un poste. Otras más, totalmente liberales , seguían la fiesta a la luz de los anuncios de neón, yendo por las calles, entre los pies de la gente , picoteando todo lo que pareciera sospechosamente comestible.

Una de aquellas atrevidas aves de la vida nocturna estaba tan comprometida en su galanteo con un pedazo de galleta de arroz que alguien había tirado, que ni siquiera se molestó en moverse cuando un par de chicos caminaban en su dirección.

No se movería. Estaba determinada. Así que finalmente uno de esos chicos tuvo que hacer un pequeño rodeo para no terminar aplastando a aquel pájaro de la necedad y a la galleta de arroz.

El chico, sin darle mayor importancia le pasó por un lado, sólo dirigiéndole una mirada de soslayo con sus ojos feroces de lobo.
Aquella ave no lo sabría jamás y muy probablemente le interesaba un pepino, pero el nombre de ese chico de ojos feroces era Kiba.

El otro se llamaba Shino.

Ambos eran genin de la aldea.

Hacía un rato que los dos ninja se habían encontrado. Un encuentro nada casual y más bien cuidadosamente tramado para de preferencia no ser vistos por nadie conocido.
Habían esperado hasta que la noche se hubiera adueñado de Konoha para salir de sus respectivos hogares, y con ese mismo manto nocturno de discreta oscuridad reunirse.
No hablaban mucho. El calor que bullía dentro de sus cuerpos desecaba las palabras antes de que pudieran ser expresadas.

Y aunque hubieran podido hablar, sus pensamientos se congestionaban con ideas morbosas de lo que podría pasar esa noche.

Y ninguno quería hablar de eso. Claro, estaban esperando que sucediera. Pero no era como que quisieran comentar los detalles. Eso sería demasiado raro para cualquiera de los dos.
Era ya de por si raro tan sólo tener la idea de hacerlo el uno con el otro.

Las primeras veces que Kiba lo había pensado había quedado un poco horrorizado. No era porque Shino fuera hombre. Bueno, al principio si era porque Shino era hombre. Pero sólo al principio, y luego ya superado el episodio de terror al descubrir hacia donde iban sus inclinaciones sexuales, el problema siguiente que le destrozaba los nervios cada vez que tenía que ver a Shino, era que… Shino era raro.

Eso mismo y nada más. Kiba pensó en alguna ocasión que encima de todo tenía un gusto extravagante y fetichista para terminar gustando de… Shino.
Porque siempre era tan reservado y callado. Y lo peor era que cuando hablaba, en las contadas ocasiones que lo hacía, las más de las veces terminaba diciendo algo que irritaba a Kiba.

Alguna cosa incomprensible que siempre tenía que ver con insectos, o algún “pero” a los planes de Kiba cuando iban de misión.

Alguna vez se atrevió a quejarse del olor a veneno para insectos que Kiba debía ponerse para evitar llenarse él y Akamaru de pulgas.

-¡¿Y que esperabas?! ¡¿Qué Akamaru y yo nos llenemos de bichos para que tú estés cómodo?!¡Si tanto les molesta a ti y tus insectos no te me acerques, pobre pulga!- había gritado aquel chico que era como un cachorro rabioso.

Y podía disgustarse y ladrar todo lo que quisiera pero Shino jamás le seguía el juego. Si. Eso también le molestaba de Shino.

Los sentimientos de molestia hacia el a veces irritante Shino eran tan intensos, que Kiba terminó por darse cuenta que no era molestia ni nada y que lo que le tenía era una ansiedad enorme.

Su cuerpo se convertía en un vertiginoso río de hormonas y las fantasías recientes que había tenido no habían servido para bajarle aquel calor. Muy por el contrario para lo único para lo que sirvieron fue para alentarle a hacer de una buena vez realidad aquellas fantasías concupiscentes y lascivas.

Kiba gruñó con resignación. Pero si “eso” iba a suceder, con Shino, esa noche, no quería que nadie se enterara o sospechara ni nada.

Por lo que al divisar al frente entre el gentío de desconocidos la rizada y espesa cabellera de Kurenai-sensei, con sus ojos rubí mirando hacía todas partes, el pequeño lobo se sintió más que incómodo. Luego junto a Kurenai venía a un lado Asuma con aire distraído y Kakashi con esa mirada poco confiable en su único ojo visible.

Kiba iba a decir algo, pero Shino saltó a la acción enseguida y se metió a la tienda de té que estaba convenientemente colocada junto a ellos. Kiba lo siguió. Ambos se sentaron en una mesa junto a la ventana hasta que los tres sensei pasaron.

-Los jounin tienen demasiado tiempo libre.- gruñó Kiba todavía vigilando con recelo la ventana como pensando : Nada más que se les ocurra volver a pasar por aquí.
-¿Van a ordenar?- preguntó la atendiente con una libretita en la mano y una sonrisa tiesa en la boca.

En realidad ellos no habían planeado comer nada <>. Aquello, después de todo no era oficialmente una cita ni esperaban una velada romántica ni mucho menos. Era un servicio que como compañeros se prestarían mutuamente para sacarse de encima aquella curiosidad física.

Pero si ya estaban ahí, si aquella chica ya estaba esperando por anotar su orden, pues no estaría demás comer algo.

Té y dango.

Comieron a prisa y en silencio.

No era como comúnmente ocurre en casos similares, un silencio incómodo. Era un silencio necesario, absoluto, tranquilizador y expectante.

No había mucho que decir de todas maneras.

Kiba evitaba mirar directamente a Shino si no era necesario. Después de todo aquel chico extraño con sus anteojos oscuros tenía la ventaja. Nunca se sabía hacia donde estaba mirando y eso intimidaba. Un poco.

Pero detrás de sus convenientes lentes negros, Shino tampoco miraba a Kiba.

Más bien miraba en retrospectiva aquella situación tan rara.

Le causaba algo de gracia, algo de nerviosismo. Mucha curiosidad sobretodo.
A él le daban igual los chicos o las chicas. Nunca le había gustado nadie, y si bien sabía que un día habría de casarse para perpetuar la sangre del clan Aburame, eso no le había despertado mayor emoción.

Kiba tampoco le había gustado en un principio. Lo recordaba de la academia. Era bullicioso, impaciente e Iruka-sensei le llamaba mucho la atención. Era casi tan mal estudiante como Naruto, y no porque fuera estúpido si no porque las clases le aburrían y se la pasaba durmiendo.

Cuando les pusieron en el mismo equipo y tuvieron que pasar más tiempo juntos, Kiba seguía siendo tan bullicioso e impaciente como lo había sido siempre. También hablaba demasiado, tenía un exceso de confianza muy irritante y era fastidiosamente extrovertido.
Desde el primer día se había autoproclamado el líder del equipo y de ahí ni quien lo bajara.

Además se echaba en todo el cuerpo a él y a su perro un veneno para insectos que Shino y sus Kikai no toleraban. Era difícil tener un equipo con alguien así.
Si. Kiba visto desde fuera podía parecer la más egocéntrica y enojosa persona. Pero tarde o temprano siempre quedaba de manifiesto que era en realidad una persona amable que se preocupaba y tomaba en cuenta a los demás. Aunque siempre estuviera ladrando y gruñendo.

Después de todo, luego de que Shino se quejara del veneno de insectos, Kiba dejó de utilizarlo.

El equipo anduvo mucho mejor luego de eso, porque Shino y sus insectos podían actuar con mucha más libertad y ya no debía cuidarse de acercarse demasiado a su compañero.
Claro que Kiba y el pobre Akamaru se las vieron negras con las pulgas y los parásitos luego de eso.

Pero Shino le había puesto solución muy sencilla a eso, haciendo que sus Kikai se encargaran de las pulgas.

Si. Kiba le gustaba desde esa ocasión. Como ya podía acercársele, le daba por estar cerca de él todo el tiempo. Le daba también por mirarlo largamente imaginando a que sabría Kiba y como se sentiría tocarlo.

Bien, pues. No tendría que imaginarse nada porque esa noche realmente sucedería.

El té se evaporaba en su boca con tanto calor dentro de su cuerpo.

¿Y bien? ¿Vamos a hacerlo o que?- preguntó Kiba. Ya hacía un rato que habían terminado de comer. Incluso les habían recogido la vajilla, habían pagado y habían puesto una propina del 10% sobre la charolita.

Pero seguían allí sentados y hundidos en su necesario silencio.

Shino movió los dedos sobre la mesa. –Vamos.- dijo y se puso de pie.




Siguieron caminando. Las calles estaban atestadas de gente que iban y venían, compraban, comían y hablaban alegremente hasta por los codos. Era difícil intentar reconocer un sonido en semejante escándalo.

Aún así, aquellos dos genin caminaban muy pendientes uno de los pasos del otro. Buscando al mismo tiempo el lugar y el momento indicado.

De pronto Shino creyó hallarlo, porque empujó a Kiba contra una esquina detrás del pilar de madera de una casa, encima de ellos colgaban una hilera de farolitos de papel rojos con dibujos de flores.

Primero Shino besó al atónito Kiba, profunda, húmeda y rápidamente, como si no pudiera esperar más.

Kiba iba a quejarse, en serio que iba a hacerlo, pero Shino sobre él de esa forma, calentándole el cuerpo con su beso húmedo y poderoso, y la con la luz rojiza de los farolitos sobre ellos, lo vencieron haciendo que se dejara llevar por la cadencia del momento en una especie de placer por ser sometido de esa forma.

Correspondía el beso con sus manos ansiosas de despojarse de tanta ropa que estorbaba entre ellos dos, y entonces…entonces se dio cuenta que todavía estaban en público, que un pilar de madera no daba la suficiente privacidad y que ese que venía corriendo por la calle, con su cara de bobo ( en palabras de un irritado Kiba) y que parecía que ya lo había reconocido, era Naruto.

Ágilmente se apartó de Shino y se acomodó la ropa. Jadeó, sintiendo feo de haber cortado el rollo tan deprisa.

-¡Kiba! ¡Kiba! ¡Hola! ¿Qué haces?- dijo un cándido Naruto totalmente ajeno a la barbaridad que acababa de cometer.

Grrrr—ahhhh…¿Qué te parece que hago, torpe? Estoy…estoy paseando. –

-¿Con Shino?- los ojos entrecerrados del rubio miraron a Shino, quien sólo frunció el ceño bajo los anteojos.

-Si, con Shino. ¿Te importa?- gruño Kiba

-No. Pero… - se acercó en tono confidencial al pequeño lobo – No me lo tomes a mal pero si yo fuera tú no me gustaría que me vieran con ese fenómeno… ya sé que es tu compañero de equipo, pero…-

-¡¿A quien le dices fenómeno?! –gritó Kiba pegándole en la cabeza -¡Tú eres el único fenómeno aquí!-

Naruto lo miró con un puchero de reproche, sobándose la cabeza y con una lágrima escapando por su ojito derecho.

-¿Por qué me pegas?-

-Arggg. Por que te metes en lo que no te importa-

-Mmm…- Naruto pareció olvidarse momentáneamente del golpe y miró a Kiba fijamente y luego volteó hacia todos lados buscando algo. -¿Oye… donde está Akamaru? Que raro que andes sin él…¿Dónde está? ¡Ven perrito! ¡Toma, toma, Akamaru! ¿Dónde está?-


Kiba se sonrojó. Debido a los planes que tenía para esa noche no había llevado a Akamaru consigo. Naruto seguía llamándolo, como si el perro fuera a aparecer en cualquier momento.

-Akamaru…está… en el baño. Si. Ya debe haber terminado. Voy a buscarlo. ¡Akamaru!- gritó Kiba alejándose por la calle. Shino lo siguió pasando junto a Naruto sin dejar de dedicarle una mirada de ceño fruncido.

Kiba caminaba a prisa gruñendo maldiciones a él mismo, a Naruto y a medio mundo.
Kiba. Lo siento.- dijo Shino, que iba a su lado y en realidad no tenía mucha idea de lo que debía decir.

Pero ese “Lo siento” estuvo bien porque Kiba se tranquilizo. O tal vez lo que tranquilizó al pequeño rabioso fue la forma en que Shino había dicho su nombre.: Kiba.

No tenía nada en especial, pero como Shino lo pronunciaba, le pareció de pronto que era diferente. Le gustaba su nombre en la voz de Shino. Le gustaba mucho.

Kiba mostró su sonrisa de lobo.

-Podríamos buscar un lugar más privado. Donde no haya personas.- dijo el cachorro mirando hacia el bosque que ya no quedaba muy lejos. A Shino le pareció buena idea.
Kiba se sentía reconfortado dentro del bosque. Su salvaje personalidad tenía ganas de salir corriendo, de acechar y de aullarle a la luna toda la noche. Aunque esa noche no hubiera luna.

Era una noche oscura. Los ruidos del bosque estaban por todas partes. La hierba estaba mojada. A Kiba le dio escalofríos sentirla contra la piel desnuda de su espalda. Su abrigo había quedado tirado en algún lugar entre los árboles.
Shino lo besaba. Era tremendamente bueno haciéndolo. Con minuciosidad se aseguraba de que no quedara un sólo lugar en la boca de Kiba sin probar. Jadeaban y volvían a besarse, ininterrumpidamente, infinitamente. Ambos sintieron, aunque no lo pensaron, que aún si no hacían otra cosa que besarse, aquel contacto era suficiente.

Shino por fin supo a que sabía Kiba, y que se sentía tocarlo… y que Kiba lo tocara.
El cachorro pasó su lengua por el cuello de Shino mientras intentaba quitarle la chaqueta, y al hacerlo Shino dejó escapar un gemidito ahogado que éxito mucho a Kiba.

Entonces algo , además de sus gemidos, interrumpieron el armónico sonido del bosque.
Era alguien tosiendo. Kiba y Shino se pusieron en guardia. Se percataron de que no era sólo uno. Había varios ocultándose en los árboles. Aunque aún no sabían quienes eran.
Hubo risitas y luego aquellas cinco personas se dejaron ver.

-Bien hecho chicos, lo hacen tan bien que me pusieron cachondo.-

Dijo uno de aquellos. Uno que traía una mascara ANBU.

-Si el estúpido de Hayate no hubiera tosido hubiéramos podido disfrutar del espectáculo hasta el final.- dijo la única voz femenina del grupo con un tonito muy divertido de burla y con una mirada medio de reproche a Hayate Gekko, quien tosía en medio de sonrojadas risas.

La voz femenina también era conocida para Shino y Kiba. Era Mitarashi Anko.

Los otros dos que venían también eran ANBUS.

Tenían sus obligaciones de que ocuparse y por eso estaban todos ellos en el bosque a esa hora, y sólo por casualidad habían pasado por ahí justo en ese momento.

Ahora se reían abiertamente, más por la reacción y las caras de los chicos que por otra cosa. Porque después de todo no era como que no hubieran visto a nadie haciéndolo en otras ocasiones.

Es más, que si los chicos no se hubieran dado cuenta de que ellos estaban ahí ni hubieran dicho nada, pero ya que habían sido descubiertos les hacia gracia. Si. Eran un grupo de jounin con muy buen humor.




Kiba miraba las siluetas de los edificios recortados contra el cielo nocturno, desde una banca junto a una tienda.

Sentía los ánimos por los suelos, tanto que les servía de tapete a los que pasaban por ahí.

Ahora toda la aldea se enteraría. Y si así era ya no le importaba.

Ya no importaba nada. Estaba demasiado cansado como para seguir preocupándose por una noche que de todas formas ya se había ido por el caño.

- …que horror…- musitó seguro de que incluso las aves se estaban riendo de él. Justo ahí, amontonadas sobre un edificio, conteniendo sus risitas, como los jounin.

-Kiba.- lo llamó Shino pasándole una soda y sentándose junto a él.

El silencio necesario que habían traído consigo toda la noche de pronto se había vuelto incómodo.

-Lo siento.- volvió a decir Shino, aunque esta vez ya no serviría de nada.

-Da igual.- gruñó Kiba saboreando lo dulce del refresco de frutas.

-Lo poco que fue… me gustó.- habló Shino.

-Si… a mi también.-

Shino le sonrió. Con una extraña sonrisa que era como la sedosa e irresistible tela de una araña. Kiba se sintió envuelto por ella y se dio cuenta cuanto seguía quemándole por dentro el calor que Shino le producía.

Aún tenía ganas. Eso nadie iba a quitárselo. Se acercó a Shino y rozó sus labios con los de él.

Definitivamente aún tenía muchas ganas. Y ya que de todas maneras las cosas ya habían salido mal, y estaba seguro de que no podría estar peor, y que probablemente más personas de las que hubieran querido iban a enterarse, en aquella noche desastrosa no quedaba más que disfrutar lo que quedaba de ella.

Los ojos de lobo de Kiba mostraron un brillo de feroz determinación que sólo un Inuzuka es capaz de manifestar, y justo ahí se lanzó sobre Shino besándole con toda la desesperación de sus ansias contenidas. Besos pequeños. Besos largos. El saborear unos labios suaves que pedían a gritos ser mordidos. La lucha acompasada y cálida de sus lenguas que se buscaban constantemente en medio de jadeos entrecortados.
Shino tomó el rostro de Kiba con ambas manos y lo apartó unos momentos, acariciando las marcas rojas de sus mejillas.

-Aquí no, Kiba…- sonrió otra vez con aquella sonrisa extraña y mirando hacia arriba.
Sobre los tejados si era preciso y no había ningún otro lugar a donde ir. Justo ahí.
Shino lamió su oreja y Kiba gimió como el cachorro que era.

Le abrió el abrigo y comenzó a pasar su lengua por sobre la piel encendida por el golpear violento de la sangre. Estando así tan cerca pudo escuchar su corazón y su cuerpo temblando al compás de la respiración agitada.
Saboreó su piel. Tierra, sudor y galletas. A eso le sabía.

Kiba no hacía más que gemir y se dio cuenta de cuanto eso lo provocaba.
Cuando iba a comenzar a desabrocharle el pantalón, le rabia salvaje de la excitación despertó en Kiba. Él mismo se apresuró a deshacerse de su ropa y de la de Shino. Luego se lanzó sobre él comenzó a hacerle un excelente trabajo con la boca entre las piernas. Shino no habría podido oponerse aunque quisiera, por que el cuerpo entero le temblaba entregándose por completo al placer que crecía su entrepierna.

Kiba había comenzado muy lento, rozando el miembro de Shino primero con los labios, lamiendo suavemente, impresionado por su inexperiencia, pero en seguida se hizo un experto en su labor . Lo puso todo dentro de su boca y comenzó a succionar con un ritmo que iba aumentando. Sus manos acariciaban los muslos blancos de Shino, que intentaba contenerse y ahogaba sus gemidos hasta que por fin se corrió.

Kiba le dirigió una mirada de cachorro, como esperando una felicitación por su buen trabajo o algo parecido.

Shino le acarició la cabeza, pero no parecía del todo complacido, o al menos eso le parecía a Kiba.

-¿Lo hice mal?- preguntó. En ese momento para su sorpresa Shino se retiró los anteojos. Tenía unos ojos bonitos. Si. Pero estaban llenos de preocupación, angustia o alguna cosa parecida.

-Oye…Shino…-

Shino no dijo nada. Se limitó a actuar. Acarició los hombros de Kiba, sus brazos, le beso una mano, luego lo hizo que se recostará sobre las tejas rojas y comenzó a masturbarlo.
El cuerpo de Kiba se relajaba y se contraía al compás de la mano de su compañero.
-Shino… - gemía –Shino… - rogaba sumiso. El otro se sonrojaba al escuchar su nombre dicho en aquella forma suplicante.

Le abrió las piernas y pasó su lengua sobre aquella entrada rosada e intocada hasta el momento que pedía a gritos ser violada.

Cuando estuvo lo suficientemente húmeda Shino se colocó sobre Kiba y sin dejar de mirarle a los ojos en todo momento comenzó a entrar en él, con toda la delicadeza que su estrecha entrada permitía.

A Kiba le estaba doliendo, pero le pedía al mismo tiempo a Shino que no se detuviera. Que entrara más, más rápido, más profundo.

Shino se movía dentro de él tratando de complacerlo, y Kiba arqueaba la espalda deshaciéndose en aquel profuso orgásmico placer.

Los dos cuerpos tensos se vieron de pronto libres del calor que los devoraba cuando ambos se corrieron uno sobre el otro. Por fin el sosiego dentro de ambos, que jadeaban exhaustos envueltos en la humedad del sudor y la sangre que había fluido en hilillos de entre las piernas de Kiba.

Ciertamente tantas molestias y tanta espera habían valido la pena.

Era alguna hora de la madrugada y la ciudad ya había quedado en completo silencio desde hacía rato.

Se vistieron y se quedaron sentados sobre uno de los tejados, esperando la claridad del amanecer.

-Creo que me estoy enamorando de ti.- soltó por fin Shino.

Kiba se sonrojó.

-Tal vez yo también.-

Un ave que dormía sobre un edificio al otro lado se desperezó de pronto y estirando las alas fue a posarse en el tejado, a un lado de Kiba quien la miró de soslayo. Luego miró a Shino otra vez.

-¿Querrías ir a desayunar a mi casa?-








4 comentarios:

  1. waaa .. me encanto !!

    el lemon que no hubo en tu fic de amor yaoi !!

    me encanta esta couple y como dijiste no hay mucho material de ellos ...gracias por crear tu blog !!

    =) !

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  2. Hola, querida! Gracias a ti por pasar a verlo! Ojala te vea por acá mas seguido.

    Bienvenida : )

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  3. BASTA, ESTO ES HERMOSOOO 💙💙💙
    2017 y yo apenas voy leyendo esto.
    *Cries in spanish*

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    1. Hola! Que bueno que te gustó, y gracias por dejar review, aunque este blog esta abandonado hace años. Si te interesa leer más de mis trabajos Shino x Kiba estan en mi cuenta de Amor Yaoi http://www.amor-yaoi.com/viewuser.php?uid=4937

      Saludos~

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